Biodanza: danzar potencia la salud

Danzamos para redescubrir la fuente y la fuerza de la vida en cada uno de nosotros. La biodanza tiene por objetivo la profilaxis, la rehabilitación existencial, la reeducación de la afectividad, el tratamiento complementario de enfermedades y la integración psicofísica mediante la estructura operativa “música-movimiento-vivencia”.
Los efectos integradores de la práctica de biodanza pueden comprenderse mediante el estudio del Sistema Integrador Adaptativo Límbico Hipotalámico (Sialh). El Sialh determina el comportamiento sexual, la regresión, el comportamiento emocional, algunas funciones cognitivas. También interviene en la mediación adaptativa con el mundo externo. La integración de las respuestas viscerales moduladas por la región límbico – hipotalámica tienden a conservar la estabilidad del medio interno (homeostasis). Los comportamientos adaptativos al medio externo, en cambio, están relacionados con los sistemas somato – motor y sensorial (corteza cerebral).
Las danzas rítmicas, los ejercicios de extensión, fluidez, eufonía, el comportamiento en feedback, etc., propuestos por biodanza integran los sistemas somato-motor y sensorial e inducen la adaptación de movimientos a los estímulos externos. Los ejercicios que estimulan vivencias y emociones, tales como los de encuentro, afectividad, contacto, influyen sobre el sistema neurovegetativo y endocrino. Ejercicios de expresión afectiva, creatividad y trascendencia, integran las estructuras sensorio-motoras (de adaptación) con las límbico-hipotalámicas (viscerales).
Todas las funciones orgánicas sean motoras o viscerales están neurológicamente relacionadas entre sí.
Las funciones cardiovascular, respiratoria y digestiva se coordinan con comportamientos adaptativos, lo que asegura la sobrevivencia, pero son influidas profundamente por vivencias y emociones.
El Sistema Integrador Adaptativo Límbico Hipotalámico está íntimamente asociado con los aspectos instintivos, emocionales y afectivos contribuyendo a la consolidación de patrones de comportamiento.
La corteza cerebral posee a su vez funciones inhibidoras sobre el sistema límbico-hipotalámico y puede modular el comportamiento instintivo mediante estímulos inhibidores consecuentes.
Biodanza, desde este punto de vista, representa una disciplina liberadora, al estimular, mediante los ejercicios, el sistema límbico-hipotalámico.

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